Felipe San Martin H.
Docente Emérito de la UNMSM

Presentación:
En esta nueva entrega de VeterHistoria presentamos la biografía y entrevista del Dr. Mario García, médico veterinario sanmarquino cuya trayectoria refleja una etapa significativa de la investigación veterinaria peruana. Desde sus años de formación y sus primeras experiencias docentes y científicas en IVITA, hasta su especialización en Suecia y su posterior proyección internacional en el OIEA y la FAO, su vida profesional estuvo marcada por la investigación, la docencia y la cooperación científica. Sus recuerdos evocan a maestros, colegas, experiencias y desafíos que contribuyeron a forjar su camino. Su testimonio constituye, además, un valioso aporte a la memoria histórica de nuestra profesión.
Mario García, nacido en Lima el 24 de abril de 1951, pertenece a una generación de médicos veterinarios que contribuyó a proyectar la investigación veterinaria peruana más allá de nuestras fronteras. Su trayectoria académica y profesional se caracteriza por una estrecha vinculación entre la docencia, la investigación, la reproducción animal y la cooperación científica internacional.
Realizó sus estudios escolares en el Colegio Champagnat de Miraflores y, en 1973, se graduó como Médico Veterinario en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Ese mismo año inició su actividad profesional como docente de la Facultad de Medicina Veterinaria e investigador del Instituto Veterinario de Investigaciones Tropicales y de Altura (IVITA), institución en la que permaneció hasta 1990. Fueron años decisivos en su formación científica, en los que combinó la enseñanza universitaria con la investigación aplicada a la producción animal.
Su interés por la reproducción animal lo llevó a continuar su formación en Suecia. En la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, en Uppsala, obtuvo una especialidad en 1977, una Maestría en 1982 y el Doctorado en 1988, consolidando una especialización que marcaría buena parte de su posterior trayectoria científica.
En 1990 inició una nueva etapa profesional al incorporarse al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Viena, como Oficial Técnico de la Sección de Producción y Salud Animal de la División Conjunta FAO/OIEA. Desde esta posición participó en programas de cooperación científica y transferencia de tecnología vinculados con la producción y reproducción animal, proyectando su experiencia hacia un ámbito internacional. En el año 2000 asumió temporalmente la Jefatura del Laboratorio de Agricultura y Biotecnología del OIEA en Seibersdorf, Austria.
Paralelamente, mantuvo un fuerte vínculo con la UNMSM. Entre 1997 y 2001 se desempeñó como Asesor Científico del Consejo Superior de Investigaciones, en calidad de Profesor Investigador Extraordinario. Posteriormente, desde 2001 hasta 2021, desarrolló una importante labor docente en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), donde ejerció, entre otros cargos, la Jefatura del Departamento Académico y la Dirección de Pregrado.
Su relación con la cooperación científica internacional continuó durante muchos años. Entre 2008 y 2023 se desempeñó como Consultor Internacional de la Sección de Producción y Salud Animal del Centro FAO/OIEA de Técnicas Nucleares en Agricultura y Alimentación, contribuyendo desde esta posición al desarrollo y difusión de tecnologías aplicadas a la producción y salud animal.
Una dimensión particularmente valiosa de su trayectoria ha sido su compromiso con la formación de nuevas generaciones. Desde 2024 participa como Investigador Atraído del Programa de Doctorado en Ciencias de la Salud de la Facultad de Medicina de la UNMSM, donde es tutor responsable de once doctorandos. A ello se suma su prolongada labor editorial en la Revista de Investigaciones Veterinarias del Perú (RIVEP), de la que fue Editor Adjunto entre 2002 y marzo de 2021 y, desde abril de ese año, Editor.
Su trayectoria ha merecido diversos reconocimientos. En 2007 recibió la Condecoración de la Orden Cayetano Heredia en el Grado de Oficial; en 2010 fue nombrado Profesor Emérito de la UNMSM y en 2022, Profesor Emérito de la UPCH. En 2017 recibió de la FAO un premio al logro destacado en trabajo en equipo y, en 2022, fue reconocido por la UNMSM como Médico Veterinario Exitoso “Bodas de Oro”.
La vida académica del Dr. Mario García muestra una trayectoria construida desde el Perú y proyectada hacia el mundo. Desde sus primeros años de docencia e investigación en IVITA, pasando por su formación doctoral en Suecia y su extensa labor en la FAO/OIEA, hasta su actividad actual como docente, investigador, tutor y editor científico, su carrera refleja la importancia de la formación especializada y de la cooperación internacional para el desarrollo de la medicina veterinaria.
Más que una sucesión de cargos y responsabilidades, su trayectoria constituye el testimonio de un profesional que hizo de la investigación, la formación de jóvenes científicos y la transferencia del conocimiento los ejes de una vida dedicada al desarrollo de la medicina veterinaria y de las ciencias animales.
ENTREVISTA
- ¿Qué lo motivó a seguir la carrera de Medicina Veterinaria?
Fue desde mi niñez que tuve un manifiesto interés por la crianza de animales y el tratamiento de dolencias y de sus enfermedades. En la casa de mis abuelos siempre teníamos perros y criábamos gallinas y conejos. Tenía en gran estima al Médico Veterinario que trabajaba gratuitamente en un local de Miraflores por una sociedad protectora de animales y cada vez que podía me acercaba a ayudar.
Mis padres me apoyaron con mi decisión, aunque a mi familia les extrañó pues no había historia de veterinarios ni profesionales en el área de las ciencias de la salud. Tuve suerte que en quinto de secundaria el colegio probó por única vez iniciar las clases muy temprano, de modo que poder dedicar las tardes a estudiar en las academias preuniversitarias. Mi vocación era clara y San Marcos era la única universidad en Lima que ofrecía la carrera de medicina veterinaria. Fueron meses de dedicación al estudio donde devoré libros y enciclopedias.
Aún no había ingresado a la universidad, quería ser veterinario, pero aún no tenía idea de los campos de acción del Médico Veterinario. En mis sueños me veía como dueño de una granja de aves, quería estar al frente de una clínica de mascotas, montando caballo arreando vacas y ovejas y como profesor enseñando en clases. Todo muy indefinido, ideas un poco locas para un muchacho que nunca había viajado fuera de Lima, pero para un joven de esa edad nada era imposible. Poco antes de inscribirme como postulante visité la Facultad de Medicina Veterinaria en Salamanca, la cual quedaba en medio de la nada y rodeado de chacras. Quedé encantado recorriendo los pabellones de laboratorios y aulas, las clínicas de animales menores y mayores y el establo de vacas.
2.¿Cómo fue su ingreso a la Facultad de Medicina Veterinaria y cómo recuerda su etapa como estudiante universitario?
El examen de ingreso era medio complicado, sujeto a las preguntas de un balotario del aula que te tocaba, con respuestas para desarrollar y corregido manualmente por los docentes presentes. Tiempos aquellos. Me había preparado para todo tipo de preguntas, de allí que saqué la misma nota para el examen de ciencias y el de letras. Ingresé a la Facultad de Medicina Veterinaria al primer intento y fui uno de los pocos ingresantes que habíamos optado por Medicina Veterinaria. En esa época se tenía la opción de postular a más de una carrera, de allí que nuestra Facultad estaba compuesta mayoritariamente de estudiantes que habían deseado ingresar a Medicina Humana.
Mi gran sorpresa fue que el primer año no lo hicimos en la sede de la Facultad de Medicina Veterinaria en Salamanca, sino como pre veterinaria en la Ciudad Universitaria de San Marcos. Fue una gratísima experiencia, donde pude interrelacionar con compañeros de provincias y de diferente estrato social. Nos apoyamos en las tareas, nos íbamos en grupo a las fiestas de las distintas facultades que se organizaban los viernes en las noches. Sin embargo, todo se frustró con el golpe de estado del Gral. Velasco en 1968 que causó, entre otros, el cierre de la universidad por muchos meses, lo cual demoró nuestro pase a Salamanca.
Una vez en la Facultad de Veterinaria, desde el primer año cursando anatomía y otros cursos básicos, me volví un asiduo visitante de la Clínica de Menores, donde veía como el Dr. Gustavo Ayllón, el Dr. Keneth Campos y sus colegas atendían a los perros que eran traídos por sus propietarios. Poco a poco, asimismo, me acerqué al establo de la Facultad, especialmente los fines de semana, donde comencé a ayudar en dar la leche a los terneros. Llegó el momento que tuve que decidir entre la clínica de menores y el establo, y me incliné por este último. Ya desde segundo año de Facultad me aceptaron como alumno ayudante, llenaba los registros de los animales, y con el tiempo apoyaba al Dr. Javier Goycochea con la inseminación artificial y los partos de las vacas. Esto me vinculó con la Clínica de Animales Mayores, saliendo de práctica los sábados a los establos y centros de engorde Lima, Ica y Huacho con los Dres. Hans Andresen y Ramiro Oballe. Inicié mi trabajo de tesis en el segundo año de facultad bajo la asesoría del Dr. Wilfredo Calderón, lo cual me permitió sustentar la tesis a los pocos días de la ceremonia de graduación.
Los años de estudio en la Facultad los recuerdo con mucho placer, pues para mi cada sesión de clases era recibir conocimientos y experiencias nuevas. No había curso que no me gustase. La calidad de los docentes era de primera y recuerdo a cada uno de ellos con gratitud por su dedicación a la enseñanza. Cada uno de ellos ha sido una especie de modelo para mi formación y me dieron las bases para lograr lo que he podido hacer y ser como profesional. Dependiendo de los cursos me juntaba con algunos de mis compañeros para estudiar, sea en la Facultad o en nuestras casas. Me prestaba todos los libros que podía de la biblioteca y en casa preparaba resúmenes de los temas de las clases. Recuerdo con claridad las largas y frecuentes conversaciones con el grupo de docentes de fisiología, especialmente con el Dr. Hugo Sillau. Asimismo, con el Dr. Dante Castagnino y el Dr. Manuel Moro sobre la importancia del diagnóstico oportuno de las enfermedades infecciosas y de las zoonosis.
Mi primer contacto con la selva me tocó en tercer año cuando me fui a la estación del IVITA en Pucallpa llevando en un camión a un grupo de vaquillas Holstein. Luego de eso, hice prácticas vacacionales en las sedes del IVITA de Huancayo, la Raya y Pucallpa en más de una ocasión. Claro está, volví a Pucallpa y a Huancayo para las rotaciones de fin de carrera donde terminé cimentando mi interés por la producción animal. Tiempos memorables aquellos donde se tenía contacto directo con establos lecheros, SAIS, granjas de aves y de cerdos, centros de engorde, laboratorios clínicos y camales, así como viajes a las estaciones del IVITA.
Me tocó ser el presidente de mi promoción, pudiendo organizar nuestro viaje de promoción a Chile en un bus de San Marcos. Visitamos las facultades de medicina veterinaria de la Universidad de Chile en Santiago y la Universidad de Valdivia en la ciudad sureña de Valdivia. Todo un éxito y de muestras de compañerismo y solidaridad.
3.¿Qué docentes marcaron su formación y por qué
Es difícil señalar a los docentes que marcaron mi formación. Recuerdo a cada profesor que me tocó en clases, recuerdo la pasión y el entusiasmo con que dictaban sus clases, recuerdo mis discusiones con muchos de ellos cuando iba a reclamar por un punto adicional tratando de mostrar la valía de mis respuestas, recuerdo como solucionaba los problemas que se me presentaban en mis primeros años de profesional con solo evocar sus enseñanzas y nuestros encuentros verbales. No obstante, puedo destacar a los Dres. Manuel Moro, Dante Castagnino, Saúl Fernández-Baca, Wilfredo Calderón, Hans Andresen, Ramiro Oballe y Fredy Viera.
Las conversaciones con el Dr. Moro, en ese entonces Director Nacional del IVITA, si bien fueron pocas, me dieron una muestra del rol que debe cumplir el médico veterinario en la sociedad y en liderazgo que debe cumplir en el campo de las ciencias de la salud, tema que hoy se le conoce como Una Salud (One Health), y que de alguna forma es el camino que he seguido. Mis encuentros con el Dr. Castagnino fueron casi siempre controversiales, pero sumamente alentadores; es decir, si mi vocación debía ir hacia la producción o la salud animal.
El Dr. Fernández-Baca era el Director del Instituto de Zootecnia y mi “jefe” en mis tiempos de alumno ayudante. Para mí fue siempre un modelo en gestión, por lo que llegó a ser el Director del IVITA y parte de la plana de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Chile por muchos años. Su forma de liderazgo es algo que he tratado de seguir en mi carrera profesional. El Dr. Calderón me llevó de la mano sobre el manejo de un establo lechero y del manejo reproductivo. Fue mi tutor y aprendí mucho de él.
El Dr. Andresen fue el padrino de mi promoción. Voté por él y ayudé a que sea el elegido, pues siempre fue un ejemplo de profesionalismo, honestidad y de dedicación a la docencia. Me enseñó lo que sé sobre cirugía, salud y sanidad bovina y gestión veterinaria en establos lecheros. Por otro lado, las prácticas de campo con el Dr. Oballe fueron, aparte de divertidas, muy enriquecedoras para mí y el grupo de compañeros con el que salíamos a las practicas de fin de semana.
Por último, el Dr. Viera, que fuera uno de nuestros profesores de anatomía y en la Clínica de Menores, dada su juventud fue, más que un docente, un amigo que nos apoyaba en las vicisitudes de los cursos y las tareas asignadas. Su temprano fallecimiento me dejó una sentida huella.
4. ¿Cómo fueron sus primeros años como médico veterinario?
Al terminar la carrera tuve que elegir entre un trabajo en establos lecheros que ya me habían ofrecido y el ofrecimiento de la Facultad de ingresar a la docencia. Dado mi gran interés por la docencia y la investigación, además de la posibilidad de una beca de capacitación de un año en el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) de Colombia firmé un contrato como Jefe de Práctica con San Marcos. La capacitación en el CIAT no se concretó, de allí que pasé los siguientes 13 años en la Estación de Pucallpa del IVITA realizando mis pininos en investigación como responsable del hato de ganado de carne (cerca de 2,500 animales). Fueron años rodeados de selva, mosquitos y calor, con mucha escasez de recursos, agua potable y energía eléctrica, pero a la vez años maravillosos donde pude establecer un programa de inseminación artificial, acopio de la leche y ayuda técnica a los ganaderos, algo que no existía en la región. Aún conservo el diploma que me dieron los ganaderos en agradecimiento a la ayuda prestada. Fueron años, además, donde integramos un grupo de médicos veterinarios, ingenieros zootecnistas, agrónomos y biólogos trabajando en apoyo a la comunidad rural.
En el intermedio, realicé mi especialización, maestría y doctorado en Suecia en el 77, 82 y 88. En mi primera salida a Suecia para la especialización en obstetricia y ginecología en bovinos tuve que luchar mucho para superar la barrera idiomática (dominio del inglés). Felizmente lo superé y pude desarrollar un buen trabajo, al punto que fui invitado a participar en el programa de maestría. La tesis de doctorado la hice con las vacas de Pucallpa y con el apoyo del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). A mi regreso del doctorado me establecí en Lima, pero me tocó estar en Pucallpa cuando los terroristas destruyeron las instalaciones. Triste época.
En 1990, el OIEA me ofreció un puesto en la Sección de Producción y Salud Animal en Viena, Austria, al que postulé y gané. Solicité licencia a la Facultad, licencia que fue denegada y me vi forzado a renunciar a San Marcos. Salir de San Marcos fue algo que me afectó emocionalmente. En Viena trabajé 8 años a cargo de proyectos de investigación y extensión en países en desarrollo de América Latina, Asia y África. Todo esto enriqueció enormemente mi visión de médico veterinario y me dio la oportunidad de conocer de cerca las necesidades de ganaderos de diversos medioambientes, zonas climáticas, culturas y grupos étnicos. Asimismo, pude compartir días y semanas de trabajo con profesionales líderes en sus especialidades que procedían de universidades del primer mundo, que nos venían a apoyar en temas puntuales y que, en muchos casos, me sorprendieron por su sencillez, calidad humana y desprendimiento. Expertos que no hablaban de sus títulos, grados o cargos universitarios, sino de cómo ayudar a otros investigadores en países en desarrollo.
A mi regreso a Lima en 1997, el Dr. Felipe San Martín me llamó para apoyarlo en el recientemente creado Consejo Superior de Investigaciones de San Marcos. Trabajamos durante cuatro años reorganizando la política y lineamientos de las actividades de investigación de la universidad, donde gran parte de lo que hicimos quedó vigente por muchos años. En 2001 ingresé a trabajar a la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de Cayetano Heredia, donde con el apoyo de los demás docentes, pude fortalecer el programa académico a través de varios cargos que me fueron encomendados y donde en 2007 me dieron la Orden Cayetano Heredia en el Grado de Oficial. También debo decir con orgullo que San Marcos, a pedido de la Facultad, me nombró Profesor Emérito en el 2010 y Cayetano Heredia hizo lo mismo en el 2022.
Durante mi estadía en Perú siempre estuve ligado al OIEA. Hacía viajes de consultoría a diversos países. En el 2000 regresé a Viena por un año como jefe interino del Laboratorio de Agricultura y Biotecnología. Luego en el 2008 regresé como consultor por seis meses, pero me renovaron los contratos hasta el 2023.

He tenido la oportunidad de participar como secretario científico de congresos y simposios internacionales. Asimismo, en mi trabajo en el OIEA, y en algunos años como consultor de la FAO he organizado reuniones científicas y cursos de capacitación, así como he dado conferencias y dictado clases en cerca de 80 países de los cinco continentes. He viajado por las zonas rurales más recónditas de muchos países. Una labor bastante recargada, a veces riesgosa, pero llena de satisfacciones personales. Me ha tocado trabajar en países de pobreza extrema que me han hecho reflexionar sobre lo mucho que tenemos en el Perú y que no sabemos valorar ni aprovechar, y esto se lo digo cada vez que puedo a los alumnos de la Facultad.

Algo que deseo resaltar es mi labor al frente de la RIVEP, la revista de la Facultad de Medicina Veterinaria – UNMSM, donde me he desempeñado como editor desde el 2001. Como editor de la RIVEP y revisor de los artículos vengo apoyando tanto a profesionales jóvenes como experimentados de la Facultad y de América Latina en la publicación de sus trabajos, actividad que realizo, en parte, como retribución a San Marcos por mi formación profesional. La RIVEP es una revista bimestral que publica más de 150 artículos al año de autores de toda América Latina y de España y se encuentra indexada en SciELO, Scopus y en Web of Science entre otras bases de datos internacionales.
5. ¿Cuáles han sido los principales desafíos, hitos o logros en su trayectoria profesional?
Creo que, debido a mi buen desempeño como estudiante, la experiencia lograda durante mis prácticas profesionales en diversas partes del país y en el establo de la Facultad y, con un poco de suerte, pude obtener trabajo tan pronto como terminé mis estudios universitarios. Luego, el apoyo del Dr. Fernández-Baca para participar en el curso de especialización en reproducción de bovinos en Suecia en 1977, marcó en forma definitiva mi camino a seguir como persona y profesional. Las actividades durante la especialización, las charlas recibidas por expertos patólogos, endocrinólogos y fisiólogos de EE. UU. y de Suecia y de Europa, así como la interacción y competencia con compañeros de Asia y África ampliaron mi visión de la carrera y de lo que podría hacer en mi futuro.
La universidad sueca me dio la oportunidad en desarrollar mi trabajo de tesis sobre un tema del metabolismo del espermatozoide del verraco o sobre el comportamiento reproductivo de las vacas de carne en la zona de Pucallpa. Me decidí por esto último, a pesar de que no tendría apoyo financiero, pues consideré más oportuno realizar un estudio en apoyo de la ganadería peruana. El trabajo de campo me tomo tres años, pero regresé a culminar los estudios con la satisfacción del deber cumplido. Esta tesis recibió una diversidad de reconocimientos y fue distribuida en muchos países, Lo más importante para mí fue que dos años después, el OIEA, basado en el trabajo desarrollado en Pucallpa con mi tesis, me invitó a postular a un puesto de Oficial Técnico en la Sección de Producción y Salud Animal, el cual gané. Esto significó, además, que como personal nombrado o contratado estuve trabajando por esta organización y por la FAO por casi 24 años.

No es tarea fácil cumplir con los estándares de trabajo de organizaciones internacionales como el OIEA y la FAO, además de estar al frente de la RIVEP y de dictar clases virtuales en las noches, pero no hay nada mejor que sentir que uno puede hacer algo más cada día en favor de los campesinos, de los ganaderos, de los colegas, de los estudiantes y de las instituciones a las que uno pertenece. Claro está, todo el trabajo realizado no es mérito propio. Nada se podría haber logrado sin un trabajo en equipo, con apoyo de colegas, secretarias, técnicos y personal administrativo.
En la actualidad, me encuentro desde mediados de 2023 como parte del equipo técnico del Programa de Doctorado en Ciencias de la Salud de la Facultad de Medicina San Fernando – UNMSM, programa financiado por el Banco Mundial a través de ProCiencia-Concytec. Un nuevo reto en mi vida profesional tratando de apoyar a un grupo de 38 entusiastas doctorandos. Tarea nada fácil si se considera la diversidad de áreas de especialidad de los estudiantes, la complejidad del programa de doctorado, las dificultades propias de manejar recursos del Estado y el reto de que deben defender sus trabajos de tesis en tres años.
6. ¿Cómo evalúa la evolución de la Medicina Veterinaria en el Perú en las últimas décadas? ¿Y qué falta para fortalecer la profesión veterinaria en el país?
La carrera de Medicina Veterinaria en el país y en el mundo ha tenido un gran proceso de evolución.
La educación para estudiantes de medicina veterinaria en el país se inició formalmente en 1946 mediante la Ley N.° 10246 con la creación de la Facultad de Medicina Veterinaria en San Marcos. Esto fue el final de un proceso donde la enseñanza de veterinaria se inició en 1902 con la Escuela Nacional de Agricultura y Veterinaria y luego con la Escuela Militar de Ciencias Veterinarias. Con el paso de los años, si bien nuestra Facultad se consolidó como la principal institución de educación veterinaria del país, se fueron creando otras facultades en universidades públicas. como las de la Universidad Nacional «San Luis Gonzaga» en Ica en 1961 y de la Universidad Nacional del Altiplano en Puno en 1962. Dentro de las universidades privadas, la Universidad Peruana Cayetano Heredia fue la primea en crear la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, aunque algunos otras ya habían creado escuelas de medicina veterinaria como parte de alguna de sus facultades.
En la actualidad existen más de 20 universidades, entre públicas y privadas que ofrecen la carrera de Medicina Veterinaria o Medicina Veterinaria y Zootecnia, y están en planes de creación otras más. Si bien, años atrás los médicos veterinarios entraron en competencia exitosa con los ingenieros zootecnistas para gerenciar granjas, cooperativas ganaderas, y centros de producción pecuarios, los avances en la tecnificación, así como la disminución de la población ovina y ganadería lechera, entre otros, causaron una fuerte disminución de la demanda de médicos veterinarios en el sector pecuario. Por otro lado, se viene registrando un aumento desmesurado de clínicas veterinarias para animales de compañía o de médicos veterinarios trabajando en la industria farmacéutica. El resultado es que se tiene una sobre oferta de médicos veterinarios que, en muchos casos, no se encuentran debidamente preparados por la gran competencia de acceso a sitios de prácticas preprofesionales, y que los planes curriculares no se adecúan a las demandas del mercado.
Otro aspecto para remarcar es la disminución del vínculo emocional del docente a su alma mater, en parte por la necesidad de cubrir su carga laboral. Es así que se observa un gran número de docentes que trabajan en forma simultánea en más de una universidad enseñando las mismas materias a los alumnos de pre o posgrado, aspecto que no solo se circunscribe a la medicina veterinaria sino a todas las carreras universitarias. Otro aspecto relacionado a la debilidad del sistema universitario es el bajo interés de los estudiantes por desarrollar trabajos de tesis con temas de relevancia, innovativos y de trascendencia científica, ya que prefieren temas sencillos, repetitivos, de bajo o sin costo, que les permita titularse en el menor tiempo posible. ¿Y qué hay del espíritu de investigadore que debe ser inculcado a los estudiantes? Hoy en día hay muchas fuentes de financiación para investigación, tanto por parte del estado peruano como de organismos e instituciones internacionales, así como para estudios de posgrado en el extranjero.
Es triste recibir en la RIVEP un gran número de artículos derivados de tesis de pregrado con serias deficiencias de redacción y con metodologías que invalidan cualquier tipo de resultado. Un aspecto que debe ser tomado en cuenta en parte por los directores de las tesis y en parte por el plan curricular que debe velar por inculcar el método científico en los futuros profesionales.
7.¿Qué mensaje les daría a las nuevas generaciones de médicos veterinarios?
La Medicina Veterinaria exige una profunda responsabilidad social y un compromiso ético permanente. El médico veterinario no solo se ocupa del diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades en los animales, sino que también cumple un papel esencial en la salud pública, la seguridad alimentaria, la producción sostenible y la protección del ambiente. Su labor se proyecta hacia la sociedad en múltiples niveles: desde el cuidado de los animales de compañía hasta el apoyo a los productores pecuarios, el control de enfermedades zoonóticas, la investigación científica y la formación de nuevas generaciones de profesionales. Por ello, esta carrera debe entenderse como una vocación de servicio, orientada al bienestar animal, al desarrollo de las comunidades y al bien común. Las nuevas generaciones deben asumir que el prestigio profesional no se construye únicamente con títulos o cargos, sino con honestidad, dedicación, sensibilidad social, trabajo en equipo y una permanente disposición para aprender y servir.
La vida te da y te quita oportunidades, pero hay que saber luchar y desarrollarse sin esperar premios o palmadas en el hombro, o querer salir en la foto, pues eso es pasajero. Es más importante reconocer que todos somos iguales, que cada uno hace lo que puede desde su nivel y apoyando y destacando el trabajo y esfuerzo de los demás. No debemos desesperarnos por ser jefes y menos poner zancadillas a los colegas y compañeros. Lo importante es hacer bien las cosas, al nivel que nos encontremos y trabajar en equipo y en armonía. Por mi parte eso es lo que siempre he hecho y me ha dado buenos resultados.
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