Felipe San Martín H.
Docente Emérito de la UNMSM

Presentación
La medicina veterinaria ha experimentado una profunda transformación desde sus orígenes, cuando estuvo estrechamente vinculada al ámbito militar, rural y al manejo de grandes animales. La incorporación progresiva de las mujeres modificó de manera sustancial la composición de estudiantes y profesionales y amplió los espacios de ejercicio de la profesión. Paralelamente, la práctica rural enfrenta un problema diferente: el relevo generacional. Cada vez resulta más difícil atraer y retener jóvenes, mujeres y varones, en zonas alejadas y en actividades relacionadas con animales de producción. Este artículo revisa ambas transformaciones desde una perspectiva histórica y plantea algunos desafíos para la medicina veterinaria peruana.
De una profesión predominantemente masculina a una profesión diversa
Aunque el vínculo entre el ser humano y los animales se remonta a los procesos de domesticación, hace aproximadamente 8 000 a 10 000 años, la medicina veterinaria como disciplina científica y profesión organizada surgió mucho después. La fundación de la Escuela Veterinaria de Lyon, en Francia, en 1762, constituye un hito fundamental de esta historia. Su creación respondió, entre otros factores, a la necesidad de enfrentar las enfermedades del ganado y atender a los caballos, particularmente importantes en una Europa marcada por conflictos militares. [1]
Durante sus primeras etapas, la profesión tuvo una composición predominantemente masculina. Este carácter estuvo relacionado con el tipo de actividad que desarrollaba: atención de animales de producción, medicina equina, trabajo rural y servicios vinculados con instituciones militares. A ello se sumaron, en numerosos países, restricciones sociales y legales que dificultaron el acceso de las mujeres a la educación superior y al ejercicio profesional.
Un hito significativo ocurrió en 1889, cuando Krusevska y Dobrovilskaia, de nacionalidad rusa, obtuvieron su formación veterinaria en la Escuela de Veterinaria de Zúrich. Su trayectoria refleja las dificultades que enfrentaban entonces las mujeres para acceder a los estudios superiores en algunos países europeos.
Otro caso emblemático fue el de Aleen Cust, quien culminó sus estudios veterinarios en Edimburgo en 1900. Debido a las restricciones existentes para el ejercicio profesional femenino, durante años no pudo obtener el reconocimiento profesional correspondiente. Finalmente, en 1919, consiguió ser reconocida oficialmente como veterinaria. [2]
Estos antecedentes permiten comprender que la incorporación de las mujeres no fue un cambio repentino. Se trató de un proceso gradual, condicionado por las transformaciones sociales, educativas y jurídicas de cada país.
En el Perú, la enseñanza universitaria de la medicina veterinaria tuvo un momento decisivo con la incorporación de la Escuela Nacional de Ciencias Veterinarias a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1946, antecedente institucional de la actual Facultad de Medicina Veterinaria. [3]
La profesión peruana mantuvo durante buena parte del siglo XX una composición predominantemente masculina, asociada a su estrecha relación con el ámbito militar, agropecuario y rural. Sin embargo, la presencia femenina comenzó a hacerse visible tempranamente. Entre las primeras profesionales destaca Vilma Olinda Párraga Sarmiento de Bendezú, quien obtuvo el título de médica veterinaria en 1956 con la tesis Aspectos histológicos del aparato digestivo del Coragyps atratus (gallinazo) [4], fallecida el 4 de mayo del 2020. Desde entonces, la participación femenina fue creciendo progresivamente hasta modificar de manera profunda la composición de las aulas universitarias y, posteriormente, del ejercicio profesional.
La transformación demográfica y el nuevo escenario rural
La transformación de la composición de la profesión veterinaria constituye un fenómeno internacional. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) ha señalado que las mujeres representan alrededor del 80% del alumnado de veterinaria a escala mundial y que, en determinados países, su participación alcanza porcentajes aún mayores. También ha documentado un crecimiento sostenido de la presencia femenina entre los profesionales en ejercicio. [5]
Este cambio debe entenderse dentro de una transformación más amplia de la medicina veterinaria. La profesión ya no se concentra exclusivamente en la producción animal, la atención de grandes animales o el medio rural. Se ha expandido hacia la medicina de animales de compañía, laboratorios, salud pública, investigación, industria, inocuidad alimentaria, conservación y otros campos.
Por ello, la disminución relativa de profesionales dedicados a la práctica rural no debería atribuirse automáticamente a la incorporación de las mujeres. Muchas veterinarias ejercen en producción bovina, ovina, camélidos, equinos y otras especies de interés productivo. El problema parece responder a un conjunto más amplio de transformaciones económicas, sociales y profesionales.
Uno de los aspectos centrales es el relevo generacional. El medio rural presenta condiciones que pueden dificultar la permanencia de los profesionales: largas distancias, dificultades de transporte, aislamiento, conectividad limitada, condiciones climáticas adversas, riesgos laborales y, en determinadas localidades, insuficiente infraestructura.
A ello se agregan factores relacionados con el proyecto de vida. La disponibilidad de servicios educativos y sanitarios, vivienda, conectividad, oportunidades de especialización y estabilidad económica influye en la decisión de establecerse de manera permanente en una zona rural.
En consecuencia, el problema no puede plantearse simplemente como una disminución de hombres en la profesión. Se trata, más ampliamente, de la dificultad para garantizar que mujeres y varones jóvenes encuentren condiciones profesionales y personales que hagan viable su permanencia en el campo.
Esta distinción es importante. Feminización de la profesión y pérdida de relevo generacional rural son procesos diferentes, aunque ambos formen parte de la transformación contemporánea de la medicina veterinaria.
La experiencia de la Facultad de Medicina Veterinaria de la UNMSM
La transformación puede observarse también en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde la participación femenina entre los estudiantes pasó de aproximadamente 10% en la década de 1970 a cerca del 70% en la actualidad.
Los registros de admisión muestran una tendencia sostenida. Las mujeres constituyen la mayoría de los postulantes durante el período analizado (2008-2025) y, desde 2017, también predominan entre los ingresantes (2012-2025) (Figuras 1 y 2)

Figura 1. Postulantes a la Facultad de Medicina Veterinaria de la UNMSM según sexo, por año
Fuente: Oficina Central de Admisión de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Figura 2. Ingresantes a la Facultad de Medicina Veterinaria de la UNMSM según sexo, por año
Fuente: Oficina Central de Admisión de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Estas tendencias representan una modificación histórica significativa. La Facultad, que durante buena parte del siglo XX recibió principalmente estudiantes varones, presenta actualmente una población estudiantil mayoritariamente femenina. El cambio refleja las transformaciones sociales y educativas que han acompañado a la profesión durante las últimas décadas.
Sin embargo, la transformación de la población estudiantil no parece haberse producido con la misma intensidad en el cuerpo docente. Según los datos disponibles, las mujeres representan aproximadamente el 40 % del profesorado. La participación varía entre los departamentos académicos: 27% en Producción Animal, 42% en Ciencias Veterinarias Básicas y 48% en Salud Animal y Salud Pública.
Esta diferencia entre la composición estudiantil y la docente constituye un aspecto que merece mayor investigación. Más que observar únicamente porcentajes, resulta pertinente analizar las trayectorias académicas, el acceso a responsabilidades de gestión, la participación en investigación y las oportunidades de desarrollo profesional.
La OMSA también ha señalado que la mayor presencia femenina en las aulas y en la profesión no necesariamente se refleja en todos los espacios de liderazgo. En 2023, por ejemplo, de los 182 delegados de los países miembros de dicha organización, 38 fueron mujeres, equivalentes al 21%. [5]
Estos datos permiten distinguir dos procesos: por un lado, el crecimiento de la participación femenina en la formación y el ejercicio profesional; por otro, la necesidad de examinar su representación en determinados espacios de decisión y liderazgo.

El desafío: recuperar el vínculo entre profesión y territorio
La historia de la medicina veterinaria peruana ofrece una perspectiva especialmente valiosa para comprender esta transformación.
Durante buena parte del siglo XX, el médico veterinario desarrollaba su actividad en estaciones experimentales, fundos, haciendas, comunidades y localidades rurales. Su trabajo estaba estrechamente relacionado con la producción pecuaria y con las necesidades sanitarias de las poblaciones asentadas en esos territorios.
Ese modelo profesional respondió a las condiciones económicas y productivas de su tiempo. También contribuyó a explicar la creación y expansión de instituciones de enseñanza e investigación veterinaria en diferentes regiones del país. [6]
El escenario actual es diferente. Las nuevas generaciones encuentran una profesión más diversificada, con mayores posibilidades de especialización y con campos de ejercicio que no existían o tenían menor desarrollo décadas atrás. La medicina de animales de compañía, la investigación, la industria, la salud pública y otros sectores ofrecen alternativas profesionales atractivas y predominantemente urbanas.
La cuestión, por tanto, no consiste en regresar al modelo profesional del pasado, sino en preguntarnos qué condiciones permitirían construir una nueva relación entre la medicina veterinaria y el territorio rural.
La respuesta requiere considerar factores profesionales y sociales. Una estrategia orientada al fortalecimiento de la veterinaria rural debería contemplar mejores condiciones de trabajo, remuneración adecuada, seguridad, vivienda, conectividad, oportunidades de especialización y posibilidades de desarrollo profesional.
Las universidades también tienen un papel importante. La formación veterinaria no debería limitarse a transmitir conocimientos técnicos; debe permitir que los estudiantes comprendan las diferentes realidades productivas y sanitarias del país y conozcan las posibilidades profesionales existentes fuera de los grandes centros urbanos.
En el caso peruano, esta tarea adquiere particular importancia debido a la diversidad geográfica y productiva. La atención de bovinos, ovinos, alpacas, llamas, caprinos y equinos requiere profesionales capaces de trabajar en valles interandinos, zonas altoandinas, áreas amazónicas y otros territorios rurales.
Cuando un veterinario con años de experiencia se retira y no existe un profesional joven dispuesto a ocupar su lugar, no solo se pierde un servicio. También puede desaparecer temporalmente un conocimiento construido durante años sobre los sistemas de crianza, la estacionalidad de las enfermedades, las características de los animales y las particularidades productivas y culturales de una región. La experiencia acumulada constituye, por ello, parte del patrimonio profesional de la medicina veterinaria y su transmisión entre generaciones debería formar parte de las políticas de formación y desarrollo profesional.
Epílogo
La historia de la medicina veterinaria revela una profesión en permanente transformación. La incorporación de las mujeres modificó profundamente su composición y amplió sus horizontes, mientras el medio rural enfrenta hoy un desafío diferente: asegurar el relevo generacional. No se trata de contraponer hombres y mujeres, sino de comprender los cambios sociales, económicos y profesionales que están redefiniendo el ejercicio veterinario. El futuro de la medicina rural dependerá de su capacidad para ofrecer condiciones dignas, sostenibles y atractivas a las nuevas generaciones. Recuperar el vínculo con el territorio no significa regresar al pasado, sino construir nuevas formas de presencia profesional allí donde la salud animal y la producción pecuaria continúan siendo esenciales.
Referencias
1.Monina Marta Inés (2011) Pasado y presente de la medicina equina. Ciberboletín Nº 67 Asarhive. Sitio Argentino de Producción Animal https://www.produccion-animal.com.ar/produccion_equinos/Enfermedades/94-Medicina_Equina.pdf
2.Prego Meleiro C. (2017, 24 de octubre). Aleen Cust, la valentía al servicio de la Medicina Veterinaria. Mujeres con Ciencia. https://mujeresconciencia.com/2017/10/24/aleen-cust-la-valentia-al-servicio-la-medicina-veterinaria/
3.San Martín H., F. (2024, 2 de mayo). Historia de la Facultad de Medicina Veterinaria de la UNMSM: de la ENCV a la FMV. VeterHistoria, (VH 23). https://veterhistoria.blog/2024/05/02/historia-de-la-fmv-de-la-unmsm-de-la-enav-a-la-fmv/
4.Fuentes Históricas. (2024, 1 de julio). Las mujeres en la historia de la medicina peruana (1833-2024). https://fuenteshistoricasdelperu.com/2024/07/01/mujeres-medicina/
5.Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). (2026, 11 de febrero). Los servicios veterinarios se feminizan cada vez más, pero la brecha de género aún no se ha cerrado por completo. https://www.woah.org/es/articulo/los-servicios-veterinarios-se-feminizan-cada-vez-mas-pero-la-brecha-de-genero-aun-no-se-ha-cerrado-por-completo/
6. San Martín H., F. (2024, 4 de mayo). Facultades y Escuelas de Medicina Veterinaria en el Perú (VH 24) https://veterhistoria.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=225&action=edit
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