Felipe San Martín H. Docente Emérito UNMSM


Presentación: El presente texto examina el desarrollo de la investigación en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos durante el siglo XX. Se destacan la creación de institutos de investigación, como el Instituto Veterinario de Investigaciones Tropicales y de Altura (IVITA), el apoyo de la cooperación científica internacional, la formación de docentes investigadores y los mecanismos institucionales de financiamiento. A pesar de las limitaciones económicas y de las crisis nacionales que afectaron al país, la Facultad logró mantener una sostenida actividad científica.
La presente nota describe las vicisitudes y el desarrollo de la actividad de investigación en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (FMV-UNMSM) durante el siglo pasado. Desde su incorporación al sistema universitario en 1946, la Facultad asumió la investigación como una actividad prioritaria. Este compromiso ya se había gestado previamente cuando la institución funcionaba como Escuela Nacional de Ciencias Veterinarias entidad madre de la actual Facultad. Dicho compromiso quedó reflejado en una prolífica producción científica en sus primeros años de vida institucional.
Sin embargo, como es bien conocido, una de las mayores dificultades para el desarrollo de la investigación en el país ha sido el financiamiento. En las universidades públicas, como es el caso de la FMV-UNMSM, los recursos provienen generalmente de una combinación de fondos estatales, cooperación internacional y recursos propios. No obstante, el financiamiento público ha sido históricamente limitado y poco sistemático, orientándose principalmente a cubrir las necesidades de docencia e infraestructura, dejando un margen reducido para las actividades de investigación.
Durante la década de 1950, gracias a las gestiones y relaciones académicas de sus autoridades y docentes, la Facultad logró obtener importantes recursos provenientes de la cooperación científica internacional, entre ellos de la UNESCO, la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford. A nivel nacional también se contó con el apoyo del Servicio Cooperativo Interamericano de Producción de Alimentos (SCIPA) y del Ministerio de Agricultura, a través de la Dirección de Ganadería, así como de instituciones como la Granja Modelo de La Raya en Puno, el Instituto Nacional de Biología Animal (posteriormente, lamentablemente, desactivado), la Granja San Jorge en Pucallpa, entre otras. Asimismo, se establecieron vínculos de cooperación con entidades privadas, como la Sociedad Ganadera del Centro S.A. y otras organizaciones productivas de diversas regiones del país.
Hacia finales de esta década se inauguraron las nuevas instalaciones de la Facultad en el fundo Cahuachi. Paralelamente, se produjo un notable incremento en el número de docentes con estudios de posgrado, que pasó de cuatro en 1952 a veintidós en 1960. Asimismo, aumentó el número de profesores a tiempo completo y dedicación exclusiva, lo que fortaleció las capacidades académicas e investigadoras de la institución.
A pesar de las limitaciones presupuestarias, la Facultad otorgó, como ya se ha señalado, una alta prioridad a la investigación. Ello se evidencia, entre otros aspectos, en la publicación desde sus inicios de una revista científica institucional destinada a difundir los resultados de investigación desarrollados por el binomio profesor-estudiante, particularmente aquellos derivados de las tesis de graduación y titulación. A esto se sumaron la calidad de sus laboratorios y las relaciones interinstitucionales establecidas con diversas entidades del sector productivo y científico.
Durante la década de 1960 se crearon en la Facultad tres importantes institutos de investigación: el Instituto Veterinario de Investigaciones Tropicales y de Altura (IVITA) en 1961, el Instituto de Agricultura y Zootecnia (IAZ) en 1962 y el Instituto de Zoonosis (IZ) en 1966.
Una característica destacable de este período fue el considerable esfuerzo institucional y la inversión de recursos, muchos provenientes de la cooperación internacional, destinados a la implementación de estos institutos, así como de clínicas y laboratorios especializados. Estas unidades académicas, además de cumplir funciones de enseñanza y extensión, permitieron a los profesores y a sus discípulos desarrollar ensayos y proyectos de investigación cuya información contribuyó a la solución de diversos problemas relacionados con la salud animal, la salud pública y la producción pecuaria. De esta manera se fortaleció una relación más estrecha y dinámica entre la academia y el sector productivo.
A lo señalado deben añadirse dos factores que influyeron significativamente en el desarrollo de la investigación en la Facultad. El primero fue la capacitación permanente de sus docentes, muchos de los cuales obtuvieron becas para realizar estudios de maestría y doctorado en el extranjero. En el transcurso del siglo pasado, más de un centenar de docentes alcanzaron estos grados académicos, contribuyendo posteriormente al fortalecimiento de la Unidad de Posgrado de la Facultad y a la formación de nuevas generaciones de investigadores.
El segundo factor de gran impacto fue la creación del IVITA en la década de 1960, con estaciones experimentales ubicadas estratégicamente en la costa, la sierra y la selva del Perú, y que más tarde se convertiría en la Unidad Académica de investigación de la Facultad. Este instituto contó con el apoyo de las Naciones Unidas a través de la FAO, de la Fundación Rockefeller y del Estado peruano mediante los ministerios vinculados a los sectores de agricultura, alimentación y salud. De esta manera se consolidó un centro de investigación de gran importancia y prácticamente único en el país.
Con la creación del IVITA también se inició el desarrollo de programas institucionales de investigación adecuadamente financiados, lo que permitió avanzar de manera significativa en la generación de conocimientos sobre los diversos sistemas productivos y sanitarios de la actividad pecuaria nacional, especialmente durante las décadas de 1970 y en los inicios de 1980.
Durante la década de 1980 el contexto nacional estuvo marcado por el terrorismo y por una profunda crisis económica, factores que tuvieron un fuerte impacto en la vida universitaria y, en particular, en las actividades de investigación. La Facultad se vio especialmente afectada debido a que varias de sus estaciones experimentales se encontraban en el interior del país, en zonas duramente golpeadas por la violencia política. Un ejemplo de ello fue el ataque sufrido, hacia fines de esa década, por la Estación Principal del Trópico en Pucallpa, que ocasionó la destrucción de laboratorios e infraestructura.
A pesar de estas circunstancias adversas, el IVITA logró desarrollar diversos proyectos financiados por agencias de cooperación y desarrollo de países como Rusia, Canadá, Suiza, Estados Unidos, Nueva Zelandia, Dinamarca y Japón, así como por organismos internacionales vinculados a las Naciones Unidas y al OEA, entre ellos la Agencia Internacional de Energía Atómica, FAO, OPS/OMS, el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, hoy denominada Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. Sin embargo, muchos de estos proyectos se redujeron significativamente durante la década de 1990, con las consecuentes repercusiones en la actividad científica.
En el ámbito nacional, la investigación científica no contaba aún con una organización estructurada. Recién en junio de 1981 se creó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología e Innovación (CONCYTEC), entidad encargada de normar, dirigir, orientar, fomentar, coordinar, supervisar y evaluar las acciones del Estado peruano en materia de ciencia, tecnología e innovación. Esta institución también brindó apoyo a las investigaciones desarrolladas en la Facultad, aunque su financiamiento dependía en gran medida de las prioridades establecidas por los gobiernos de turno.
En la década de 1990, el Estado creó el Fondo Especial de Desarrollo Universitario (FEDU) mediante la Ley N.º 25203 del 23-24 de febrero de 1990, con el propósito de contribuir al financiamiento de las universidades públicas del país. El FEDU fue concebido como un fondo independiente de las asignaciones ordinarias del Estado y destinado principalmente a apoyar la investigación, la infraestructura y las remuneraciones universitarias.
Este fondo se financiaba originalmente con diversas fuentes, entre ellas un porcentaje del Impuesto General a las Ventas (IGV), gravámenes sobre servicios como electricidad y telecomunicaciones, y un impuesto aplicado a los haberes profesionales. Los recursos debían distribuirse entre las universidades públicas considerando criterios como el número de docentes y determinados indicadores académicos,
Con el tiempo, sin embargo, el FEDU fue progresivamente absorbido dentro del financiamiento general del Estado. En la UNMSM el monto asignado por este concepto fue de aproximadamente cuatro millones de soles anuales. En 1992 esta cifra equivalía a alrededor de 614 mil dólares, mientras que, en 2023, tras casi tres décadas sin modificación nominal y con una inflación acumulada significativa, representaba aproximadamente 268 mil dólares. A pesar de esta limitación, el “FEDU” tuvo un efecto positivo en el impulso de la investigación universitaria, particularmente al estimular la realización de tesis y proyectos de investigación. Durante ese período, la universidad también destinó recursos provenientes de otras fuentes de financiamiento, como los recursos directamente recaudados, el canon minero y diversas transferencias del presupuesto nacional.
A pesar de las restricciones financieras, la Universidad, y la Facultad en particular, utilizaron el “FEDU” para promover activamente la investigación mediante concursos de proyectos. Muchos de estos estudios culminaron en publicaciones científicas, modelos de transferencia tecnológica, patentes y propuestas exitosas para la obtención de fondos externos. En numerosos casos participaron estudiantes a través de sus tesis y, en algunos proyectos, productores agropecuarios.
A estos recursos se sumaron los fondos propios de la Universidad y de la Facultad, así como los financiamientos obtenidos mediante la participación de la industria avícola y porcina, concursos nacionales e internacionales. En este aspecto, la Facultad de Medicina Veterinaria ha sido históricamente una de las unidades académicas líderes, tanto dentro de la UNMSM como en el país, en la obtención de financiamiento externo para investigación. Ello ha permitido la implementación de equipos técnicos, laboratorios equipados con tecnología moderna y la consolidación de diversas líneas de investigación.
La experiencia acumulada en la gestión del FEDU permitió, en 1997, durante el rectorado del Dr. Manuel Paredes, la creación del Consejo Superior de Investigaciones (CSI), el que tuve el honor de presidir hasta el año 2001. El CSI recogió mucho de la experiencia en la facultad y tuvo como objetivo fomentar, promover y financiar las actividades de investigación, considerando sus diferentes áreas académicas y la investigación multidisciplinaria, involucrando de manera especial a los estudiantes en este proceso.
Entre sus principales iniciativas se incluyeron la creación del Registro de Actividades de Investigación (RAIS), la implementación de concursos para el financiamiento de proyectos de investigación, la asignación de cupos de financiamiento a las facultades según su producción científica, el estímulo para la publicación de al menos una revista científica por facultad, la instauración de premios al mérito científico por áreas académicas y facultades, el fortalecimiento de los institutos y unidades de investigación, y la organización de talleres de investigación en las distintas facultades y áreas académicas de la universidad.
El CSI constituyó, finalmente, la base institucional para la creación en la UNMSM del Vicerrectorado de Investigación en 2005 y, posteriormente, del Vicerrectorado de Investigación y Posgrado en 2016.
Epílogo
La trayectoria de la investigación en la FMV-UNMSM durante el siglo XX refleja una historia de perseverancia institucional frente a contextos adversos. A pesar de las limitaciones presupuestarias, la inestabilidad económica y los efectos de la violencia política, la facultad logró mantener una sólida cultura de investigación basada en la formación de recursos humanos, la cooperación internacional y la vinculación con el sector productivo.
Las iniciativas impulsadas en las últimas décadas del siglo, como el fortalecimiento de los fondos concursables, la organización institucional de la investigación y la participación activa de autoridades, estudiantes y docentes, sentaron las bases para el desarrollo científico posterior. De esta manera, la FMV-UNMSM consolidó un legado académico que continúa contribuyendo al avance de la medicina veterinaria, la producción animal y la salud pública en el Perú.
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